Home MundoIraq at the edge: early elections expose fractures between power, religion and regional rivalries

Iraq at the edge: early elections expose fractures between power, religion and regional rivalries

by Phoenix 24

Power does not implode with noise, it disappears in silence.

Bagdad, noviembre de 2025

El amanecer llegó con puestos de control reforzados, patrullas adicionales y un aire tenso en el que los murmullos superaban a los discursos. Irak abrió urnas de votación anticipada para fuerzas de seguridad, funcionarios electorales y minorías desplazadas. A simple vista se trataba de un proceso administrativo, pero en las sombras se percibía algo más profundo: la elección no solo definirá quién ocupa el poder en Bagdad, sino quién lo controla desde fuera. Nadie lo dice frente a las cámaras, pero todos lo saben. La batalla real es por influencia.

El primer ministro Mohammed Shia al Sudani busca consolidar un segundo mandato. Ha construido su imagen como administrador pragmático, centrado en obras de infraestructura y estabilidad interna. Para su círculo, las elecciones representan una oportunidad para demostrar que Irak puede sostener instituciones sin depender de crisis permanentes. Sin embargo, la estabilidad local rara vez depende únicamente de decisiones locales. Mientras Sudani intenta fortalecer un gobierno centrado en servicios, otros actores se mueven en un tablero mucho más amplio.

Estados Unidos sigue teniendo presencia militar en Irak, aunque reducida en comparación con años previos. Washington considera al país un punto estratégico para contener redes de milicias vinculadas a Irán y vigilar el corredor que conecta el Golfo Pérsico con Siria y el Mediterráneo oriental. Desde la perspectiva estadounidense, Irak no puede permitirse un vacío institucional, porque ese vacío lo ocupan milicias que responden a agendas externas. La Casa Blanca interpreta estas elecciones como una prueba de resiliencia institucional después de décadas de guerra, insurgencia y reconstrucción parcial.

Al mismo tiempo, la influencia iraní se ha vuelto estructural. Varios partidos compiten a través de coaliciones que cuentan con el apoyo explícito o implícito de Teherán. Las milicias que integran la red conocida como Fuerzas de Movilización Popular tienen arraigo social, armas y control territorial. Su presencia no se limita a seguridad. Administran contratos, gestionan recursos y operan como brazo político. En este contexto, analizar las elecciones significa entender que la competencia no es solo electoral, sino también paramilitar. Irán observa el proceso como un termómetro para medir si Bagdad seguirá siendo un aliado estratégico o si intentará equilibrar su política exterior hacia Washington o hacia los Estados del Golfo.

Europa, por su parte, mira estas elecciones desde otro ángulo. La Unión Europea considera a Irak un punto crítico para la seguridad energética. Después del conflicto ruso ucraniano, Bruselas busca diversificar rutas y proveedores. Irak podría convertirse en una alternativa relevante para gas y petróleo si logra estabilizar su entorno político. Sin embargo, las tensiones entre el gobierno central y la región del Kurdistán iraquí dificultan esa aspiración. Las disputas por control de ingresos energéticos se han convertido en un conflicto recurrente entre Bagdad y Erbil. Cuando no hay acuerdos, los oleoductos se cierran y los mercados internacionales sienten el impacto. Por ello, Europa no mira la elección como un evento democrático aislado, sino como un componente de seguridad energética continental.

Mientras tanto, dentro del país las preocupaciones son más concretas. En campos de desplazamiento interno, especialmente entre comunidades yazidíes en el norte, la votación anticipada refleja una mezcla de esperanza y resignación. Más de un millón de personas siguen viviendo entre ruinas, esperando un regreso que nunca llega. Para ellos, la elección no se trata de alianzas internacionales ni de geoestrategia. Se trata de reconstrucción, justicia y supervivencia. Las heridas del genocidio perpetrado por el Estado Islámico siguen abiertas. Muchos yazidíes votan porque no tienen otra forma de exigir protección. Si no participan, desaparecen del mapa político.

El proceso de votación temprana para fuerzas de seguridad pretende blindar el día electoral principal y reducir riesgos de violencia. En Irak, cada elección trae consigo amenazas latentes. La historia reciente confirma que los resultados pueden desatar enfrentamientos entre milicias rivales o protestas masivas por presunto fraude. Por ello, el gobierno ha intensificado medidas de seguridad alrededor de centros electorales. Sin embargo, los riesgos no desaparecen. Digitalmente, actores vinculados a Irán, Turquía y otros gobiernos han intensificado campañas de influencia en redes sociales buscando moldear narrativas. La desinformación no necesita ganar elecciones. Solo necesita crear dudas.

En el Kurdistán iraquí, las urnas también abren un capítulo particular. Para muchos kurdos, esta elección representa un cálculo de poder. Si el gobierno central se debilita, la región autónoma gana margen para renegociar ingresos energéticos. Si el gobierno se fortalece, Bagdad intentará recuperar control sobre la exportación de hidrocarburos. En ambos casos, el voto kurdo define equilibrio de poder territorial. La región mantiene relaciones directas con Estados Unidos y también con Turquía, que quiere evitar cualquier movimiento que incentive aspiraciones separatistas dentro de su propio territorio.

A diferencia de elecciones anteriores, la participación juvenil podría inclinar la balanza. La generación que salió a protestar en 2019 contra corrupción, pobreza y desempleo ahora tiene más madurez política. No creen en promesas. No tienen paciencia. Han visto cómo las élites se reciclan en cada proceso electoral. Muchos votan como forma de resistencia. Otros se abstienen para no legitimar un sistema que consideran capturado por intereses ajenos al ciudadano común. El resultado final depende de ellos, pero el sistema político trabaja para que no lo parezca.

Cuando cierren las urnas nadie celebrará victoria inmediata. Habrá negociaciones, pactos, silencios y acuerdos en cuartos sin ventanas. Algunos compromisos se anunciarán, otros nunca verán la luz. En Irak, el poder rara vez se entrega en una urna. Se negocia. Se pacta. Se distribuye.

Cada silencio habla.
Every silence speaks.

You may also like