A veces no es cuántos pasos se dan, sino cómo y durante cuánto tiempo.
Sídney, octubre de 2025.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Sídney, en colaboración con la Universidad Europea, acaba de demostrar que la duración de las caminatas tiene un impacto directo en la salud cardiovascular. Según el estudio, caminar de manera continua al menos diez minutos por sesión puede reducir significativamente el riesgo de infarto o accidente cerebrovascular, incluso en personas que no alcanzan los famosos diez mil pasos diarios.
El trabajo, que analizó a más de treinta mil adultos sin antecedentes cardíacos previos, confirmó una relación inversa entre el tiempo sostenido de actividad y la incidencia de enfermedad coronaria. Aquellos que caminaban de forma continuada durante lapsos de entre diez y quince minutos presentaron un riesgo del cuatro por ciento de sufrir un evento cardiovascular, frente al trece por ciento registrado entre quienes solo caminaban cinco minutos dispersos a lo largo del día. En otras palabras, la constancia y la intensidad moderada superan al simple conteo de pasos.
El investigador principal, Matthew Ahmadi, del Mackenzie Wearables Research Hub, explicó que los beneficios no provienen de grandes distancias, sino de mantener un ritmo estable y un compromiso diario. “Caminar diez minutos seguidos a paso sostenido activa mecanismos fisiológicos que mejoran la circulación y fortalecen el corazón. No se trata de cantidad, sino de continuidad”, señaló. Su colega Emmanuel Stamatakis agregó que el movimiento ininterrumpido incrementa la capacidad pulmonar y optimiza la oxigenación celular, factores claves para la prevención de enfermedades crónicas.
La investigación utilizó datos de sensores portátiles y relojes inteligentes para diferenciar los períodos de actividad continua de aquellos fragmentados en intervalos breves. Este enfoque permitió determinar que las caminatas más largas generan una respuesta cardiovascular más estable: aumentan la variabilidad de la frecuencia cardíaca, reducen la inflamación sistémica y ayudan a regular la presión arterial.

Otro hallazgo relevante fue el efecto preventivo en personas de vida sedentaria. Entre los participantes con bajo nivel de actividad, introducir una o dos caminatas sostenidas al día redujo hasta en un cincuenta por ciento el riesgo de desarrollar cardiopatías. Los autores del estudio interpretan este resultado como una oportunidad de salud pública, dado que el sedentarismo sigue siendo uno de los principales factores de mortalidad global.
El informe también sugiere que el impacto positivo se mantiene independientemente de la edad o el índice de masa corporal. Caminar más tiempo, incluso sin alcanzar intensidades elevadas, mejora la sensibilidad a la insulina, equilibra el colesterol y contribuye al control del peso. El cuerpo, subraya el estudio, reacciona mejor a la regularidad que a los esfuerzos esporádicos.
En el contexto actual de sociedades cada vez más digitalizadas y con rutinas de trabajo prolongadas frente a pantallas, los hallazgos reabren el debate sobre la necesidad de incorporar microespacios de movimiento en la vida cotidiana. No basta con ir al gimnasio dos veces por semana: el sistema cardiovascular responde mejor a estímulos frecuentes, breves y constantes. En ese sentido, los especialistas recomiendan reconfigurar los trayectos diarios para incluir caminatas deliberadas: estacionar más lejos, evitar el ascensor o dedicar quince minutos a caminar después de las comidas.
Desde el punto de vista fisiológico, las caminatas sostenidas favorecen la dilatación de los vasos sanguíneos, mejoran la eficiencia metabólica del miocardio y estimulan la producción de óxido nítrico, una molécula clave para mantener las arterias flexibles. A largo plazo, este tipo de actividad modera los niveles de cortisol y ayuda a estabilizar el sistema nervioso autónomo, reduciendo el impacto del estrés crónico sobre el corazón.
Los cardiólogos consultados coinciden en que los datos confirman una tendencia que la ciencia viene observando desde hace años: la simplicidad del movimiento sigue siendo una de las terapias más efectivas y accesibles para preservar la salud. El doctor Stamatakis resume la idea en una frase que ya circula entre los profesionales: “El medicamento más poderoso para el corazón no se vende en farmacias, se llama constancia”.
Más allá de la evidencia médica, el estudio también aporta una lectura social. En ciudades donde la movilidad se ha vuelto más pasiva, caminar se transforma en un acto de resistencia cotidiana frente al sedentarismo impuesto por el estilo de vida moderno. Caminar diez o quince minutos sin interrupciones no solo mejora la función cardíaca, sino que también despeja la mente, regula la respiración y refuerza el vínculo entre cuerpo y entorno.
En síntesis, la investigación australiana confirma que la prevención cardiovascular no depende de alcanzar cifras perfectas de pasos, sino de generar hábitos sostenidos. Diez minutos de caminata firme dos veces al día pueden marcar la diferencia entre una vida saludable y una marcada por el riesgo. La ciencia, una vez más, valida algo que el cuerpo ya intuía: el movimiento es la forma más antigua y eficaz de cuidado.
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