El arte que rescata memorias, une geografías y transforma devoción en presencia escénica.
Buenos Aires, septiembre 2025.
Desde hace más de veinticinco años, María Marta Guitart recorre un camino singular: lleva la poesía de Federico García Lorca a colectivos porteños, bares, escenarios alternativos y teatros formales, transformando cada intervención en una conversación viva con el autor. En su unipersonal Cartas a mi hijo Federico García Lorca, la actriz abre una ventana hacia Vicenta Lorca Romero —madre del poeta— resignificando la maternidad, el exilio y la esperanza mediante un diálogo entre lo íntimo y lo público, entre lo artístico y lo personal.
La pieza arranca con versos que el público escucha sin aviso, muchas veces mientras viaja en transporte público, y poco a poco se va desplegando en espacios donde la cercanía permite desdibujar lo teatral: recitaciones que sobrevuelan lo cotidiano, intimidad que se vuelve ritual colectivo. Guitart recuerda que una lectura casual de Llanto por Ignacio Sánchez Mejías fue el punto de inflexión cuando tenía veintiún años; desde entonces, Lorca no fue ya un autor para custodiarlos en libros sino un compañero que le hablaba al alma.

La invitación oficial a Fuente Vaqueros, en Granada —localidad natal de Lorca— para participar del homenaje por los 128 años de su nacimiento en 2026 marca para Guitart no solo el cierre de un círculo simbólico, sino también un reconocimiento internacional a su fidelidad estética. Allí interpretará Cartas a mi hijo Federico García Lorca en el marco de celebraciones oficiales, con música en vivo y puesta íntima que le devuelven al teatro su raíz ritual: memoria, belleza y vulnerabilidad.
Guitart subraya que su vínculo con Vicenta Lorca —una figura menos visible pero esencial en la vida del poeta— le permite explorar matices novedosos: el exilio no solo como desplazamiento físico, sino como herida compartida; la maternidad no solo como origen, sino como fuerza creadora que soporta el dolor y el silencio. En sus palabras, “ponerle cuerpo a esos poemas” es abrirse a una voz distinta, que habita en los pliegues del legado lorquiano.
Su trabajo también despliega tensiones geográficas: lleva desde Buenos Aires voces argentinas al sur, soplos españoles al norte, y entre esos movimientos articula una pertenencia compartida. Lorca deja de ser figura museizada para volverse presencia: compañero de viaje, palabra de consuelo, espejo cultural. Públicos jóvenes, migrantes, amantes de la poesía coinciden en que ese teatro-poesía aporta no solo emoción, sino una urgencia ética de resistencia estética.

En su unipersonal ‘Cartas a mi hijo Federico García Lorca’, Guitart explora la maternidad y el exilio a través de las cartas de Vicenta Lorca Romero – (Gentileza de la actriz)
El homenaje en Granada no será acto turístico, sino ceremonia de empatía: escenario donde lo artístico dialogará con la historia del poeta, la memoria familiar de Vicenta y la interpretación de quien ha dedicado décadas a hacer del poema no solo un texto, sino una presencia que cuesta trabajo contener. Guitart afirma que este viaje artístico tiene sentido precisamente porque la emoción viva no envejece; se reacondiciona con cada lectura, con cada función, con cada visitante que descubre en Lorca algo propio.

La invitación a Fuente Vaqueros, Granada, para homenajear a Lorca marca un hito en la carrera de Guitart – (Gentileza de la actriz)
Este modo de contar —a través del cuerpo, de la voz, de las cartas— salva del olvido lo que a veces pareciera estar destinado solo para los archivos. Reivindica que la poesía puede ser camino de sanación, de identidad, y que no hay mejor homenaje que sentir el poema en cada gesto, en cada pausa emocional.
La narrativa también es poder.
Narrative is power too.