Cuando el cuerpo y la mente entrenan juntos, la neurociencia cobra vida en píxeles y movimiento.
Zúrich, septiembre de 2025.
Dos estudios recientes realizados en Suiza han marcado un avance significativo en la búsqueda de estrategias no farmacológicas para frenar el deterioro cognitivo en personas mayores. Investigadores de ETH Zúrich y de la Universidad de Ciencias Aplicadas de Suiza Oriental presentaron evidencia convincente sobre los beneficios de los llamados exergames, videojuegos diseñados para combinar actividad física con desafíos mentales.
En ambos ensayos participaron adultos mayores con deterioro cognitivo leve, una condición que puede preceder la demencia. A través de ejercicios interactivos en los que los jugadores debían movilizarse físicamente según instrucciones memorizadas y luego completar tareas centradas en la memoria, muchos lograron no solo mejoras en sus funciones cognitivas, sino también evidencias de cambios estructurales en el cerebro, particularmente en el hipocampo y el tálamo, regiones clave para el almacenamiento de recuerdos y la regulación emocional. Al cierre de cada sesión, también se incorporaban ejercicios de respiración lenta para estimular el nervio vago, elemento asociado a la regulación del sistema nervioso autónomo.
Este enfoque dual, que combina actividad física con estímulo cognitivo, representa una alternativa prometedora ante los efectos secundarios comunes de tratamientos farmacológicos, especialmente en personas mayores. Ya en 2021 se había observado que este tipo de juegos no solo fortalecen funciones mentales, sino que también elevan la calidad de vida en personas con demencia avanzada.

Contexto más amplio respalda estos hallazgos. Investigaciones recientes señalan que jugar videojuegos tres veces por semana durante doce semanas puede mejorar el rendimiento cognitivo y la habilidad para resolver problemas en adultos mayores con deterioro cognitivo leve. La neuroplasticidad también aparece reforzada en estudios anteriores, que demostraron cómo determinados videojuegos intensivos pueden potenciar la funcionalidad cognitiva de quienes avanzan en edad, con mejoras comparables a desempeños de personas mucho más jóvenes.
La fisiología explica parte de estos resultados. El ejercicio físico estimula el flujo sanguíneo cerebral, promueve la generación de nuevas neuronas y facilita la plasticidad sináptica. Dichos efectos son fundamentales para preservar memoria, atención y funciones ejecutivas en adultos mayores.
La ventaja de los exergames radica en su accesibilidad y naturalidad para quienes los usan. No requieren habilidades médicas ni equipos sofisticados. Al integrar lo recreativo y lo terapéutico, permiten adherencia a largo plazo, promueven autonomía y, en muchos casos, pueden realizarse desde el hogar o en centros comunitarios sin los costos asociados a programas clínicos intensivos.

Ese potencial se percibe también en proyectos contemporáneos que apuestan por la realidad virtual y la gamificación avanzada, diseñados para mejorar la inhibición cognitiva y reforzar capacidades mentales a mediano plazo. Estos desarrollos buscan adaptarse a distintas culturas y edades, ofreciendo experiencias personalizadas que van más allá del entretenimiento.
En el contexto del envejecimiento poblacional global, donde la proporción de personas mayores crece de manera sostenida, herramientas como estas adquieren un valor estratégico. Su aplicación puede retrasar la progresión de la demencia, reducir la carga asistencial y otorgar calidad de vida a millones de personas. Sin embargo, su efectividad dependerá de la integración en redes comunitarias, programas públicos de salud y del compromiso conjunto de diseñadores, terapeutas y familias.
El desafío inmediato es dimensionar estos estudios y trasladarlos de laboratorios controlados a políticas de aplicación real. Se requieren ensayos más extensos, replicables y multirregionales, capaces de validar los efectos cerebrales observados y de diseñar protocolos adaptables. Si bien los resultados suizos y las evidencias previas pintan un panorama alentador, la escala de aplicación determinará si estos videojuegos activos logran consolidarse como aliados tangibles del envejecimiento saludable.

Más allá de la ciencia, los exergames plantean también un cambio cultural. La noción de que jugar puede ser terapéutico rompe con prejuicios arraigados y abre la puerta a nuevas formas de integración intergeneracional. Nietos y abuelos pueden compartir una misma plataforma lúdica, convirtiendo la rehabilitación en experiencia compartida y enriqueciendo vínculos familiares.
El futuro de estas tecnologías se perfila como un punto de encuentro entre salud, entretenimiento y comunidad. En ese cruce, cada sesión de juego deja de ser una actividad trivial para convertirse en un acto de resistencia contra el deterioro cognitivo. Lo que antes era considerado simple ocio digital, hoy aparece como una herramienta clínica y social que redefine la manera en que entendemos la vejez.
La narrativa también es poder.
Narrative is power too.