Algún espacio aún espera ser surcado por las palabras no dichas de los hombres que habitan el pasado.
Buenos Aires, agosto de 2025
Para Diego Martínez-Ulanosky, la primera lectura de No es un río fue una experiencia que no lo soltó durante semanas. Encontró en las páginas de la novela de Selva Almada un universo construido a partir de silencios, culpas arrastradas y una masculinidad quebrada por el peso de la memoria. Esa resonancia personal fue tan intensa que decidió llevar la historia a la pantalla grande, asumiendo la dirección, la escritura del guion y la producción. La obra original, publicada en 2020 y traducida a más de treinta idiomas, consolidó a Almada como una de las voces más sólidas de la narrativa latinoamericana contemporánea, y su inclusión en la shortlist del International Booker Prize 2024 le dio proyección internacional.
La adaptación cinematográfica contará con la participación conjunta de la productora mexicana Caponeto —responsable de títulos como Unstoppable y Soy tu Fan— y la argentina Ajimolido, conocida por su compromiso con el cine de autor y la adaptación literaria. Esta alianza buscará preservar la esencia poética y emocional de la novela, trasladando sus atmósferas y tensiones al lenguaje visual sin perder la carga simbólica que caracteriza la prosa de Almada.

Diego Martínez-Ulanosky lleva al cine la aclamada novela “No es un río” de Selva Almada
Martínez-Ulanosky describe su enfoque como un “western lírico sobre la hermandad y los fantasmas que cargamos”, donde confluyen memoria, culpa y naturaleza. La trama se mueve entre los años sesenta y noventa, con un presente dominado por lo que nunca se dijo. Un adolescente viaja con dos viejos amigos de su padre fallecido para pasar un fin de semana en una isla del río. Allí, la convivencia se transforma en un viaje emocional donde los recuerdos afloran como corrientes ocultas y las tensiones reprimidas se revelan en gestos, miradas y silencios. La narrativa alterna entre escenas de introspección y momentos de fricción latente, logrando que la tensión nunca desaparezca, incluso en los instantes más contemplativos.
El contexto fluvial, casi un personaje más, potencia la carga simbólica de la historia: las aguas del río, al mismo tiempo tranquilas y amenazantes, reflejan los vínculos entre los protagonistas, donde lo sereno puede tornarse turbulento sin previo aviso. La luz, la humedad, los sonidos de la fauna y la inmensidad del paisaje serán elementos clave en la construcción visual, subrayando la dimensión sensorial de la obra.
La participación de la película en el Foro de Coproducción Europa–América Latina, en el marco del 73° Festival Internacional de Cine de San Sebastián, será un paso decisivo para consolidar su red de distribución y financiamiento. Este evento, reconocido por impulsar proyectos de alto valor artístico, ofrecerá un espacio para que No es un ríoencuentre aliados internacionales y afiance su potencial de impacto más allá de la región.
Para Martínez-Ulanosky, el reto no es solo adaptar una trama, sino capturar un clima emocional y una forma de narrar que se nutre tanto de lo que se dice como de lo que se calla. Su objetivo declarado es que el espectador sienta, al final de la película, el mismo silencio cargado de significado que recorre cada página de la novela. En ese sentido, la adaptación se proyecta como una obra que dialoga con la literatura y el cine en igualdad de condiciones, buscando conmover sin recurrir a excesos, sosteniéndose en la fuerza de lo implícito.
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